Acerca de Por qué se caen los edificios, de Matthys Levy y Mario Salvadori

Se acaba de traducir a nuestro idioma uno de los libros de divulgación sobre temas estructurales escritos por Matthys Levy y Mario Salvadori: Por qué se caen los edificios, editado por Turner. La edición original vio la luz en 1992, con una reedición ampliada de 2002, posterior a la muerte de Salvadori.
El libro refleja la experiencia adquirida por los autores gracias a su trabajo en Weidlinger Associates, una de las principales empresas de ingeniería en el campo de las estructuras y la peritación de siniestros en los Estados Unidos. Se presentan en él numerosos ejemplos de fallos estructurales que llevaron al colapso no sólo de edificios, también de puentes y presas. Quizás habría sido más adecuado emplear en el título el término construcciones (si bien en el original inglés se habla de buildings), ya que el campo explorado incluye tanto la edificación como las infraestructuras viarias e hidráulicas.
Dado el ámbito de trabajo de los autores, la mayoría de casos presentados, entre ellos los analizados con mayor detalle, proceden de los Estados Unidos. El lector español podrá echar en falta el estudio en profundidad de siniestros en edificios históricos, aunque no falta la cita de ejemplos paradigmáticos: la torre de Pisa, el campanario de San Marco en Venecia o Santa Sofía en Estambul. De cualquier modo, el muestrario es suficientemente amplio para permitir la comprensión de las principales causas tras buena parte de los fallos estructurales.
El enfoque de los autores no es meramente técnico, reducido a una exposición de hechos y causas. Tampoco es un ejercicio de narcisismo, encaminado a probar la ignorancia o temeridad de los responsables de los edificios analizados. En varias ocasiones, Levy y Salvadori resaltan la elevada cualificación profesional de los ingenieros que diseñaron las obras que sufrieron un siniestro, y exponen las razones por las que éste se produjo de forma comprensiva y respetuosa hacia el trabajo de aquéllos. Uno de los capítulos narra algunas experiencias como perito judicial de Salvadori, haciendo hincapié en la primacía de la ética profesional.
Éste es el corolario del libro entero: la necesidad de actuar de forma ética en el diseño de estructuras, anteponiendo la seguridad a los intereses económicos, empleando los métodos más adecuados en cada caso, sin escatimar esfuerzos en la solución de problemas novedosos que no es posible plantear a la luz de lo realizado anteriormente.
Diversos apéndices finales exponen, de manera sencilla y con numerosas ilustraciones, algunos conceptos básicos de estructuras de gran utilidad para el no iniciado en la materia, a quien en definitiva se dirige el libro. El propósito divulgativo de los autores se cumple: la lectura permitirá a los interesados descubrir los motivos por los que, aun hoy, en tiempos de sofisticados cálculos por ordenador y materiales de alta resistencia, algunas construcciones siguen cayéndose. Solamente hay una dificultad para la compresión del texto que podría haberse eliminado fácilmente: las unidades de medida empleadas a lo largo del libro son las del sistema internacional, con kilonewton (kN) para las cargas. Habría sido aconsejable sustituir esta unidad por la cotidiana de kilogramos, más cercana para la mayoría de lectores, a los que puede resultar difícil imaginar, por ejemplo, a qué equivale un peso de 6,25 kN por metro cuadrado para un forjado (página 314).
Debe mencionarse la magnífica traducción española de Francisco Javier Fernández Pozuelo, así como sus notas que actualizan la información en aquellos puntos donde el tiempo transcurrido ha invalidado lo escrito por los autores.

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